Marcela y Manuel — vayan palomeando lo que ya tengan. La página se acuerda de lo que marcaron, aunque la cierren.
Son dos cosas separadas que se suman: el circuito por China y los vuelos. Vienen cotizados en monedas distintas, por eso van por separado.
El circuito se paga en dólares, al tipo de cambio del día en que se liquida. Los vuelos ya están en pesos. Cuando cerremos la fecha les paso el total en un solo número.
La ida es directa. El regreso no — son tres vuelos y casi un día completo de viaje. Mejor saberlo desde ahora.
Del hotel en Shanghái hasta aterrizar en Tijuana son alrededor de 23 horas, con dos escalas. Vale la pena dormir bien la noche del 27 y traer lo indispensable a la mano.
Del lado bueno: la ida es un solo vuelo directo de Tijuana a Beijing, sin escalas.
Prefiero decírselos hoy y no cuando ya estén comprometidos. Nada de esto está dentro de los dos precios de arriba.
El vuelo a Tijuana y el hotel de esa noche los compran ustedes directo y les sale igual o mejor: yo no les cobraría nada por hacerlo. Si quieren, les digo qué horarios convienen para no llegar con el tiempo encima, pero la compra es de ustedes.
Lo que sí les pido es que no lo dejen al final. Las tarifas de avión se mueven todos los días, y el precio de los vuelos a China vale mientras haya lugares en esa clase; si se agotan, sube.
No se puede tramitar cuando uno quiera. El centro de visas lo dice claro:
Solicitarla mes y medio antes del viaje. Un mes alcanza, pero cualquier tropiezo los deja a la carrera.
Con más de tres meses de antelación. La rechazan.
Si el viaje sale el 16 de diciembre, la solicitud no puede entrar antes de mediados de septiembre y conviene que esté hecha a más tardar el 1 de noviembre — mes y medio antes. Así, si les piden una corrección o se atraviesa un puente, todavía hay margen.
Y hay una parte que no se hace por internet: las huellas digitales se dejan en persona en Ciudad de México. En Guadalajara no hay centro. Eso hay que planearlo como un viaje aparte.
Lo que sí se puede ir haciendo desde hoy: revisar pasaportes y juntar los documentos de abajo.
Así lo describe el propio Centro de Solicitud de Visa China.
Se crea una cuenta en el portal del centro y se llena la solicitud en línea. Son nueve secciones: datos personales, tipo de visa, trabajo, estudios, familia, viaje, viajes anteriores y declaración.
Revisan la solicitud y pueden pedir correcciones. Hay que estar pendiente del correo y del estado del trámite.
Cuando llega el Comprobante de Solicitud de Visado, se va en persona al centro en CDMX a entregar el pasaporte y los papeles, dejar las huellas y pagar.
El aviso vigente habla de 3 a 8 días hábiles. El servicio que vende el centro es de 4 días hábiles, o 3 con el urgente.
Se recoge en el centro presentando el comprobante original de recolección.
Esto es lo que pide oficialmente la visa de turismo. Lo que dice “yo se los doy” no lo tienen que conseguir ustedes.
Tarifas publicadas por el Centro de Visas para pasaporte mexicano. Es por persona e incluye IVA. Se paga en el centro con tarjeta o efectivo.
Hay tarifas distintas para visas de varias entradas. Si además quieren que el pasaporte se los manden por paquetería en vez de ir a recogerlo, ese servicio también existe y tiene costo aparte.
Esta parte casi nadie se las dice, y es la que evita los malos ratos.
Si algo de esta lista no les queda claro —el trámite, qué eSIM comprar, qué tarjeta sirve allá, cuánto efectivo llevar, qué hacer si algo se complica— escríbanme y lo resolvemos juntos. No tienen que averiguarlo solos: para eso estoy yo.
Prefiero que me pregunten cien veces a que se queden con la duda guardada hasta el día del aeropuerto.
Escribirle a Neto →Van a cruzar cuatro climas distintos. Estas son las temperaturas promedio de diciembre en cada ciudad del viaje:
Aunque el número diga 12 grados, es húmedo y el piso amanece con hielo. Se siente más frío que Beijing. Es donde más se camina y donde más resbala.
Nada de esto es lujo de etiqueta. Son detalles chiquitos que en China se notan muchísimo y que hacen la diferencia entre un turista más y alguien que llegó con respeto. Léanlas una vez y ya.
Clavados de pie parecen el incienso que se prende en los funerales. Se dejan acostados sobre el plato o en el descanso. Tampoco se golpea el plato con ellos: así es como piden dinero los mendigos.
Un reloj jamás: en chino, “regalar reloj” suena igual que “ir a un funeral”. Nada envuelto en blanco o negro, que son los colores del luto. Y nunca una gorra verde: significa que a esa persona le están poniendo el cuerno.
Vestir de rojo es de buena suerte y allá se usa muchísimo. Lo que no se hace es escribir el nombre de alguien en rojo: ese color se reserva para lápidas.
四 (cuatro) suena casi igual que 死 (morir). Por eso muchos edificios se saltan el piso 4 y el 14, y no se regalan cosas de cuatro en cuatro. El de la suerte es el 8, porque suena a “prosperar”.
Tarjetas, dinero, regalos, el pasaporte, hasta una tarjeta de restaurante. Con una sola mano se ve descuidado; con las dos, se ve respeto. Es el detalle más fácil de copiar y el que más se nota.
Reclamar a gritos hace que la otra persona “pierda la cara”, y en China eso cierra puertas en vez de abrirlas. Con calma y una sonrisa se resuelve todo más rápido. Tampoco se acostumbran los abrazos ni los besos de saludo: apretón suave o una inclinación de cabeza.
En templos, museos y parques casi siempre se puede. Nunca a militares, policía, cuarteles, aduanas ni a los filtros de seguridad del aeropuerto. En los Guerreros de Terracota no se usa flash. Y si pensaban llevar dron: en Zhangjiajie están prohibidos.
En restaurantes, taxis y hoteles no se deja propina — hasta se las pueden regresar. La excepción son el guía y el chofer del circuito, donde sí se acostumbra. Cuando se acerque la fecha les digo cuánto es lo normal para que no anden adivinando.
La mayoría de los públicos son de piso, y casi nunca hay papel ni jabón. Traigan siempre pañuelos desechables y gel en la mochila del día. En el hotel sí hay taza normal, y en los centros comerciales suele haber una.
Con tatuajes a la vista se entra sin problema a templos, museos, restaurantes, hoteles y a todos los lugares del itinerario. Donde sí los pueden frenar es en aguas termales, baños públicos y algunos gimnasios — y nada de eso está en el programa.
Y una tranquilidad: nadie espera que un mexicano se sepa las costumbres chinas. Con intentarlo basta — allá lo reciben muy bien.